No recuerdo si alguna vez les dije o si se me nota en la frente, pero soy una litamonsta, soy como la Lady Wuuu, pero versión Lady Gaga, es que ustedes no saben, pero soy fans. Desde el sábado me empecé a sentir como El Principito “si vienes, por ejemplo, a las 4. Desde las 3 comenzaré a ser feliz.” Así estaba yo, una felicidad interna invadía mi ronco pecho y estaba más emocionada que una maestra de kinder en puente.

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Así que podrán notar que mis opiniones sobre el show no pueden ser muy objetivas, yo lo amé, lo único que le faltaron fueron gatos volando arriba de un unicornio mientras nieve de sabor espuma de angel de la Dolphy caía como lluvia para que fuera más allá de perfecto, porque así de fans soy.

Momentos favoritos pudo haber muchos o no, pero hoy hablaremos del elefante rosa, ese momento que quienes vieron el show del medio tiempo notaron y estoy segura pensaron o dijeron algo: la pancita de Lady Gaga.

En lo personal, fue mi momento favorito por todo lo que representaba, planeado o no, fue un momento muy inspirador para muchas de nosotras. Por años hemos sido orilladas a buscar la perfección, cantantes, actrices, modelos, influencers todas han caído ante la presión del #flawless, cuerpo escultural y cutis de ángel incluso sin maquillaje. Dejándonos a las simples mortales con una sensación así: simples.

Pero ayer fue diferente, era un momento donde todos los ojos estarían sobre Lady Gaga, donde tenía que cuidar hasta la planta del pie, donde todo tenía que ser #flawless, pero no lo fue. Un vestuario nos mostró una pequeña parte de piel que para muchos resulta una imperfección, pero para muchas es un estandarte de empoderamiento. Gaga se enfrentó a la clásica pesadilla de estar desnuda en el salón de clases y salió airosa.

Fue un momento muy inspirador, porque a pesar de repetirnos a cada minuto que no debemos ni tenemos por qué ser perfectas, ya empezamos a preocuparnos por las dietas e inscribirnos a cuantas clases en el gimnasio nos ofrecen para poder lucir perfectamente el bikini en Semana Santa. Fue un momento de celebración, no porque una mujer tan talentosa tiene la misma lonja que nosotras, si no porque una mujer mostró que su talento no depende del físico, que cada una es diferente, pero sobre todo, que no vinimos a cumplir con las expectativas que los demás tienen de nosotros.

 

 

 

 

 

 

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